Dani y Ru

Dani y Ru

jueves, 25 de febrero de 2016

Mi romance con Kyoto

Hay ciudades que te dejan huella. Kyoto no se gana tu corazón de primeras. Cuando sales de la estación de tren lo primero que te encuentras es un enorme torre de comunicaciones y edificios feos. El transporte público es incomprensible y las distancias entre los lugares de interés son enormes. Sin embargo, con los días vas encontrándote cada vez más a gusto.

Paseo del Filósofo
No sabes si es por ese cielo claro que se refleja en los ojos de sus ciudadanos o por los relajantes sonidos que emanan de los templos y las casas. Quizá haya sido esa pequeña  calle de Gion, el barrio de las geishas, donde los edificios encuentran una armonía única; o tal vez ese Paseo del Filósofo en plena floración de los cerezos.

Bosque de bambú
Día a día, conoces un poco más de la historia de la ciudad, especialmente en la visita guiada por el Palacio Imperial de Kyoto, que te transporta siglos atrás a una época y un lugar en el que, a pesar de ser ajeno a ti, te sientes como en casa. Fantaseo. No me quedaría nada mal un hamaka de samurai con una espada o un kimono de gala para pasear por este jardín zen.

Pabellón Dorado
Nunca he sido religioso, pero cada vez que visitas algunos templos budistas dan ganas de raparse la cabeza, envolverse en un hábito naranja y dejarse maravillar por la tranquilidad y espiritualidad de su filosofía. En Kinkaku-ji se encuentra uno de los edificios más bonitos de la ciudad: el Pabellón Dorado. Mucho más multitudinario es Kiyomizu-dera, el Templo del Agua Pura, con unas vistas inmejorables de la ciudad al atardecer.

Toris de Fushimi-Inari
Por si no hubiera sido suficiente, la ciudad sigue sorprendiendo: un bosque de bambú, un río adornado de sakura (flor del cerezo), un onsen (balneario) donde relajarse, un castillo Patrimonio de la Humanidad (Castillo Nijo) y, por supuesto, el famoso sendero lleno de toris del santuario Fushini-Inari.


Desde luego, lo de Kyoto y yo no es un amor a primera vista, pero se lo ha trabajado mucho. Me ha cuidado, sorprendido, me ha hecho reír y sobre todo, me ha deslumbrado con su belleza. Esto va camino de convertirse en una larga relación.

lunes, 15 de febrero de 2016

Preparando el próximo viaje

Soy una de esas personas que casi disfrutan tanto viajando como preparándolo. Además, no me limito a ver una guía turística para tener una idea de los sitios más importantes. Lo preparo a conciencia.

Para nosotros, un viaje organizado por un tour-operador o una agencia de viajes pierde mucho de su encanto. No nos gusta tener un recorrido prefijado con tiempos limitados de visita e indeseadas paradas a tiendas del cuñado del guía de turno. No tenemos nada en contra de este tipo de turismo. Simplemente, no es nuestra manera de viajar.

Por eso, la preparación de un viaje se convierte en una tarea bastante importante de búsqueda de vuelos, ferrys, alquiler de coches, rutas por la montaña, alojamientos baratos, precios y horarios de todo tipo de actividades, etc. Y Nueva Zelanda, nuestro próximo destino, dispone de fantásticas páginas web gubernamentales que hacen la tarea mucho más fácil.


Cuando el viaje es de una semana, la búsqueda es bastante sencilla. Sin embargo, cuando me pongo a preparar un viaje de casi un mes, la cosa se complica. Ya no sé si este camping está en esta ciudad o en esta otra y tampoco si en esa fecha vamos a estar allí o en la otra punta del país. "A ver, Rubén, un poco de orden", me digo mientras junto los papeles que tengo encima de la cama con los que están encima de la tostadora en la cocina. "Alojamientos encima del sofá. Transportes varios en la mesa. Horarios y precios de excursiones encima de la tabla de planchar... ¿O era encima de la tapa del WC?" Definitivamente, soy una de esas personas que CASI disfrutan tanto viajando como preparándolo.