Hay ciudades que te dejan huella. Kyoto no se gana tu corazón de primeras. Cuando sales de la
estación de tren lo primero que te encuentras es un enorme torre de
comunicaciones y edificios feos. El transporte público es incomprensible y las
distancias entre los lugares de interés son enormes. Sin embargo, con los días
vas encontrándote cada vez más a gusto.
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| Paseo del Filósofo |
No sabes si es por ese cielo claro que se refleja en los
ojos de sus ciudadanos o por los relajantes sonidos que emanan de los templos y
las casas. Quizá haya sido esa pequeña
calle de Gion, el barrio de
las geishas, donde los edificios encuentran una armonía única; o tal vez ese Paseo del Filósofo en plena floración
de los cerezos.
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| Bosque de bambú |
Día a día, conoces un poco más de la historia de la ciudad,
especialmente en la visita guiada por el
Palacio Imperial de Kyoto, que te transporta siglos atrás a una época y un
lugar en el que, a pesar de ser ajeno a ti, te sientes como en casa. Fantaseo.
No me quedaría nada mal un hamaka de
samurai con una espada o un kimono de
gala para pasear por este jardín zen.
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| Pabellón Dorado |
Nunca he sido religioso, pero cada vez que visitas algunos
templos budistas dan ganas de raparse la cabeza, envolverse en un hábito
naranja y dejarse maravillar por la tranquilidad y espiritualidad de su
filosofía. En Kinkaku-ji se
encuentra uno de los edificios más bonitos de la ciudad: el Pabellón Dorado. Mucho más
multitudinario es Kiyomizu-dera, el Templo del Agua Pura, con unas vistas
inmejorables de la ciudad al atardecer.
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| Toris de Fushimi-Inari |
Por si no hubiera sido suficiente, la ciudad sigue
sorprendiendo: un bosque de bambú, un río adornado de sakura (flor del cerezo), un onsen
(balneario) donde relajarse, un castillo Patrimonio de la Humanidad (Castillo Nijo) y, por supuesto, el
famoso sendero lleno de toris del
santuario Fushini-Inari.
Desde luego, lo de Kyoto y yo no es un amor a primera vista,
pero se lo ha trabajado mucho. Me ha cuidado, sorprendido, me ha hecho reír y
sobre todo, me ha deslumbrado con su belleza. Esto va camino de convertirse en
una larga relación.




