Resulta duro de asimilar el hecho
de que todos tus familiares y amigos se vayan de vacaciones mientras uno se
queda trabajando todo el verano. Las redes sociales, además, no ayudan mucho.
Las fotos, vídeos y comentarios me provocan un sentimiento del que, a decir
verdad, no me siento muy orgulloso: la envidia. Sé que no tengo argumentos para
quejarme. Ya me pegué mi megaviaje en el mes de marzo. Así que no lo voy a
hacer, no me voy a lamentar.
Gracias a mis padres, también
viajeros, conozco todas ellas. Desde que mi hermana y yo éramos pequeños, mis
padres siempre nos sorprendían los fines de semana con escapadas de uno o dos días. Con
estas salidas, mis padres plantaron en mí esa semilla que me obliga a pensar en
el próximo destino cuando aún no he regresado del anterior.
Así que, toca fines de semana de
mochila al hombro, bocadillo de tortilla y carretera por delante. Días de
acueductos, murallas, universidades, alcázares y casas colgadas. ¡Cómo me gusta
el verano!
Información sobre las ciudades
Patrimonio de la Humanidad españolas en http://www.ciudadespatrimonio.org/


