Situada casi en la línea del Ecuador, la ciudad de Singapur fue toda una sorpresa cuando
la visitamos. Lo que en principio era una escala de camino a otros destinos, se
convirtió en todo un descubrimiento. Rascacielos, casas de colores, parques exóticos,
múltiples culturas y olores que despiertan los sentidos. Singapur
no es uno de los cuatro tigres de Asia únicamente por su economía, sino también
por su gente.
Debemos reconocer que pensábamos que Singapur no era más que
los archiconocidos Marina Bay Sands,
el circuito de Formula 1 y la noria con vistas. Por eso, nos vamos a centrar en
otros lugares menos conocidos e imprescindibles para cualquier viajero.
La ciudad de las
cuatro culturas
Debido a su situación estratégica en el mundo, Singapur nos
permite disfrutar de cuatro culturas completamente diferentes: la china, la
hindú, la árabe y la cristiana. Cada una de ellas tiene su reflejo en un
barrio. A pesar de esta distinción, no penséis que cada barrio constituye un
gueto. Todo lo contrario, se puede encontrar una mezquita en Chinatown o una
iglesia en Little India sin problemas.
Paseando por el centro de la ciudad, nos sumergimos entre
farolillos rojos y puestos callejeros. Sin duda, hemos entrado en Chinatown, un pequeño espacio en torno
a las calles Smith, Pagoda, Temple y Mosque que no hace justicia al peso demográfico
que tiene la comunidad china en Singapur. Imprescindible entrar en el Buddha Tooth Relic Temple,
probablemente el templo budista más importante del país.
Hacia el norte, se encuentra Little India, el principal centro cultural y religioso de la
comunidad india. Para mí fue la primera experiencia en un templo hindú y no
pudo dejarme mejor impresión. Asistir a una ceremonia en la que nos pusieron
aquel ungüento en la frente fue uno de los mejores recuerdos de nuestro paso
por allí. Por favor, no os perdáis la colorida fachada del Sri Veeramakaliamman.
Al este de Little India se encuentra Arab Street y su grandiosa Sultan
Mosque. Mucho más turística que las anteriores, la zona musulmana se
encuentra a medio camino entre una zona comercial y un centro solemne religioso
y cultural.
Por último, no podíamos dejar pasar la oportunidad de entrar
en una iglesia cristiana y completar el recorrido por las cuatro culturas.
Aunque no existe un barrio destinado a la comunidad cristiana, probamos a
visitar la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes. En
apariencia es igual a las occidentales, pero al entrar y mirar al altar, ¿qué
nos encontramos? ¿Un Cristo? ¿Un retablo? ¡No! ¡Una cascada de agua!
Turistas, pero también
viajeros
No penséis que nos perdimos los lugares más turísticos de la
ciudad. Por supuesto, subimos al Marina Bay Sands a tomar una copa y ver la
piscina; paseamos por los originales Gardens by the Bay, subimos a la noria,
nos hicimos la foto de rigor con el Merlion y pasamos un día de playa en la
isla de Sentosa.
Pero sin duda, lo mejor fue hablar con su gente. Desde el
zapatero turco que había llegado allí por amor, hasta aquella chica malaya del
bar que nos contó las muchísimas horas de trabajo semanal que hay que hacer en
Singapur y las míseras vacaciones que tienen. Desde los monjes hindúes que nos
contaron amablemente cuál es el significado de uno de sus rituales, a la “emoti-recepcionista”
de hotel que nos relataba –con muchísimo humor y gran expresividad- sus
aventuras amorosas con los singapurenses.





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