Este viaje lo teníamos previsto para marzo de 2020, pero justo tres días antes de tomar el vuelo nos confinaron en casa y el mundo se paralizó. Lo intentamos de nuevo unos meses más tarde, pero la estela de la pandemia seguía haciendo estragos en los permisos para viajar. Dicen que a la tercera va la vencida.
El caso es que ni Dani ni yo nos lo vamos a creer hasta que no pongamos los pies en tierra. Y eso es precisamente lo que hemos hecho esta mañana en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, tras casi 14 horas de vuelo. A punto hemos estado de ponernos de rodillas y besar el caluroso asfalto. Pero como no somos jefes de ninguna iglesia -por el momento-, hemos preferido acercarnos al centro de Santiago de Chile a explorar a capital del que es mi 48º país.
Lo primero que nos ha llamado la atención es el calor. Venimos de un otoño bastante lluvioso en Madrid y nos encontramos en plena primavera, un sol radiante y todo el mundo en camisetas y pantalones cortos. Guardamos el abrigo -que ya usaremos más adelante- y nos preparamos a dar nuestro primer paseo, si el jet lag nos lo permite.
Nuestro alojamiento se encuentra en pleno centro, lo que nos permite dar un paseo por algunos de los lugares más famosos de la ciudad:
- Plaza de Armas
- Palacio de la Real Audiencia
- Museo Chileno de Arte Precolombino
- Catedral Metropolitana
- Municipalidad de Santiago
- Casa Colorada
- Palacio de La Alhambra
- Barrio París-Londres
- Cerro de Santa Lucía

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