En los años 2010 y 2011 se produjeron dos potentes terremotos que se dejaron sentir de manera muy importante sobre Christchurch, la principal ciudad de la isla sur de Nueva Zelanda. En total murieron casi 200 personas y muchos de los edificios históricos se vinieron abajo. A pesar de que han pasado ya más de cinco años, en el centro se siguen notando los efectos de este seísmo. La catedral es un buen ejemplo.
Al sur de Christchurch se sitúa la península de Banks, de origen volcánico. Pequeños pueblos pintorescos adornan sus bahías, como Akaroa, con un importante legado francés.
Una de esas bahías se puede contemplar desde lo alto de Port Hills, a medio camino entre Christchurch y Lyttelton. Se puede acceder a pie por una ruta muy empinada de unos 30 minutos, o bien tomar el teleférico, que aquí llaman Gondola.



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