Dani y Ru

Dani y Ru

domingo, 22 de mayo de 2016

DÍA 3: LISBOA, COMO EN CASA

Hoy toca despedida. Ha sido un fin de semana perfecto y en la mejor compañía. Mientras me dirijo al aeropuerto no puedo dejar de repasar las otras tres visitas que hice anteriormente a Lisboa. Cada una de ellas fue muy especial. Cuatro visitas en diez años; con pareja o con amigos; en plan turístico o de concierto; con escapadas a Sintra, Estoril y Cascais o atravesando el país de norte a sur; tomando una cerveja fresca o arriesgando con la ginjinha.


Un chaval peruano que lleva 15 años viviendo en Lisboa con su familia y que se dedica al comercio en el Mirador de San Antonio de Alcántara nos comenta que esta ciudad le transmite paz y tranquilidad. Ya sea sentado en la Plaza del Comercio mirando al Tajo y escuchando a un músico callejero, o en una terraza de la Alfama tomado una SuperBock, así lo siento yo. 

Me subo al avión y me acomodo en mi asiento. Mientras despegamos, miro por la ventana y me despido de esta vieja amiga, a la que seguro volveré a ver.

sábado, 21 de mayo de 2016

DÍA 2: LISBOA, COMO EN CASA

Solo hemos venido un fin de semana, pero lo hemos disfrutado a lo grande. Por la mañana, hemos visitado los lugares más emblemáticos de la ciudad, como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem, la Catedral o el Castillo de San Jorge. Los años pasan, pero Lisboa sigue igual.


Y como no podía ser de otra manera, hemos acabado la jornada en mi sitio favorito de la ciudad: el Mirador de San Pedro de Alcántara. Desde aquí se pueden disfrutar de las mejores vistas de la capital portuguesa. Además, el ascensor de la Gloria siempre está disponible para los más perezosos.


Ya por la noche, nos hemos acercado al Parque de las Naciones, sede de la Exposición Universal de 1998 para asistir al concierto de Adele, una experiencia inolvidable para los que somos aficionados a sus canciones. ¿Se puede pedir más?


viernes, 20 de mayo de 2016

DÍA 1: LISBOA, COMO EN CASA

Paseas por la calle y al fondo aparece una cara familiar. Al principio, cuesta ubicarla. ¿De qué me suena a mí este tío? Hasta que se acerca un poco más y al final caes. Un amigo de la infancia al que hace lustros que no ves. Una persona que te trae recuerdos agradables y una sensación de calidez y familiaridad. Hace siglos que no cruzáis una palabra, pero cuando os saludáis parece que el tiempo no ha pasado. Esa es Lisboa.


De repente apareces en pleno Barrio Alto, con ese dichoso empedrado que le habrá costado el tobillo a más de uno, fachadas coloridas y decadentes, tranvías amarillos que atraviesan calles imposibles, miradores espectaculares y vendedores de droga, el Chiado y la Alfama, Belem y el río. Sobre todo el río. Ese estuario interminable que pide a gritos salir a alta mar.

Virtudes y defectos, como los de tu amigo de la infancia, pero señas de identidad tan bien definidas que, por muchos años que hayan pasado, siempre eres capaz de reconocer en Lisboa y que te hace sentir como en casa. 

viernes, 13 de mayo de 2016

Las vacaciones perfectas

A veces escucho a la gente utilizar el término viajar como algo idílico y perfecto, casi infalible, para descansar o pasar un buen rato. En otras ocasiones, el viaje es utilizado como una demostración de tener cierto status. Parece que cuanto más lejos viajas, mejor posicionado estás en la escala social. Pues mi experiencia me dice que no es cierto ni una cosa, ni la otra.

Desde luego, cada uno viaja (o hace turismo) como mejor le parezca. No todos tenemos la fortaleza para estar un año viajando por la India, ni tampoco el aguante para estar torrándonos en una playa del Caribe durante dos semanas alimentándonos a base de mojitos. Al final, cada uno tiene que ser coherente consigo mismo y preguntarse ¿qué es lo que verdaderamente me gusta?, ¿cómo quiero invertir mi tiempo en las vacaciones?


La mayoría de nosotros nos hemos encontrado a viajeros enfadados porque lo que han encontrado al llegar al país de destino no se ajustaba a lo esperado. Quejarse de que hace mucho calor en Bangkok y que “así no se puede salir del hotel” o, peor aún, gritar a los cuatro vientos que “yo estoy en mis vacaciones y quiero emborracharme, así que véndeme alcohol”, cuando estás en pleno Ramadán en Jordania (todos casos reales) no es de recibo. El error no es del país, ni de las condiciones del complejo de vacaciones de turno, sino del turista que no ha elegido un destino adecuado a sus deseos.

Que no os importe que las vacaciones sean en el pueblo de vuestros padres, mientras todos vuestros amigos se van a Cancún. Si es lo que verdaderamente deseáis, ¡a por ello! Si por el contrario, sois de esos que no habéis terminado un viaje y ya estáis pensando en el siguiente, os recomiendo el blog de Lucía y Rubén (algoquerecordar.com). Es mi lectura de cabecera.