Dani y Ru

Dani y Ru

lunes, 4 de julio de 2016

Un verano optimista

Resulta duro de asimilar el hecho de que todos tus familiares y amigos se vayan de vacaciones mientras uno se queda trabajando todo el verano. Las redes sociales, además, no ayudan mucho. Las fotos, vídeos y comentarios me provocan un sentimiento del que, a decir verdad, no me siento muy orgulloso: la envidia. Sé que no tengo argumentos para quejarme. Ya me pegué mi megaviaje en el mes de marzo. Así que no lo voy a hacer, no me voy a lamentar.


Mi optimismo innato me hace plantearme un verano diferente. Este verano toca turismo interior. A veces me olvido de las maravillas de las que disponemos en la Comunidad de Madrid y alrededores. Madrid es la única ciudad del mundo que tiene en un radio de unos 200 kilómetros siete ciudades cuyos conjuntos históricos son Patrimonio de la Humanidad: Alcalá de Henares, Ávila, Segovia, Toledo, Salamanca, Cáceres y Cuenca.


Gracias a mis padres, también viajeros, conozco todas ellas. Desde que mi hermana y yo éramos pequeños, mis padres siempre nos sorprendían los fines de semana con escapadas de uno o dos días. Con estas salidas, mis padres plantaron en mí esa semilla que me obliga a pensar en el próximo destino cuando aún no he regresado del anterior.


Así que, toca fines de semana de mochila al hombro, bocadillo de tortilla y carretera por delante. Días de acueductos, murallas, universidades, alcázares y casas colgadas. ¡Cómo me gusta el verano!

Información sobre las ciudades Patrimonio de la Humanidad españolas en http://www.ciudadespatrimonio.org/

domingo, 22 de mayo de 2016

DÍA 3: LISBOA, COMO EN CASA

Hoy toca despedida. Ha sido un fin de semana perfecto y en la mejor compañía. Mientras me dirijo al aeropuerto no puedo dejar de repasar las otras tres visitas que hice anteriormente a Lisboa. Cada una de ellas fue muy especial. Cuatro visitas en diez años; con pareja o con amigos; en plan turístico o de concierto; con escapadas a Sintra, Estoril y Cascais o atravesando el país de norte a sur; tomando una cerveja fresca o arriesgando con la ginjinha.


Un chaval peruano que lleva 15 años viviendo en Lisboa con su familia y que se dedica al comercio en el Mirador de San Antonio de Alcántara nos comenta que esta ciudad le transmite paz y tranquilidad. Ya sea sentado en la Plaza del Comercio mirando al Tajo y escuchando a un músico callejero, o en una terraza de la Alfama tomado una SuperBock, así lo siento yo. 

Me subo al avión y me acomodo en mi asiento. Mientras despegamos, miro por la ventana y me despido de esta vieja amiga, a la que seguro volveré a ver.

sábado, 21 de mayo de 2016

DÍA 2: LISBOA, COMO EN CASA

Solo hemos venido un fin de semana, pero lo hemos disfrutado a lo grande. Por la mañana, hemos visitado los lugares más emblemáticos de la ciudad, como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem, la Catedral o el Castillo de San Jorge. Los años pasan, pero Lisboa sigue igual.


Y como no podía ser de otra manera, hemos acabado la jornada en mi sitio favorito de la ciudad: el Mirador de San Pedro de Alcántara. Desde aquí se pueden disfrutar de las mejores vistas de la capital portuguesa. Además, el ascensor de la Gloria siempre está disponible para los más perezosos.


Ya por la noche, nos hemos acercado al Parque de las Naciones, sede de la Exposición Universal de 1998 para asistir al concierto de Adele, una experiencia inolvidable para los que somos aficionados a sus canciones. ¿Se puede pedir más?


viernes, 20 de mayo de 2016

DÍA 1: LISBOA, COMO EN CASA

Paseas por la calle y al fondo aparece una cara familiar. Al principio, cuesta ubicarla. ¿De qué me suena a mí este tío? Hasta que se acerca un poco más y al final caes. Un amigo de la infancia al que hace lustros que no ves. Una persona que te trae recuerdos agradables y una sensación de calidez y familiaridad. Hace siglos que no cruzáis una palabra, pero cuando os saludáis parece que el tiempo no ha pasado. Esa es Lisboa.


De repente apareces en pleno Barrio Alto, con ese dichoso empedrado que le habrá costado el tobillo a más de uno, fachadas coloridas y decadentes, tranvías amarillos que atraviesan calles imposibles, miradores espectaculares y vendedores de droga, el Chiado y la Alfama, Belem y el río. Sobre todo el río. Ese estuario interminable que pide a gritos salir a alta mar.

Virtudes y defectos, como los de tu amigo de la infancia, pero señas de identidad tan bien definidas que, por muchos años que hayan pasado, siempre eres capaz de reconocer en Lisboa y que te hace sentir como en casa. 

viernes, 13 de mayo de 2016

Las vacaciones perfectas

A veces escucho a la gente utilizar el término viajar como algo idílico y perfecto, casi infalible, para descansar o pasar un buen rato. En otras ocasiones, el viaje es utilizado como una demostración de tener cierto status. Parece que cuanto más lejos viajas, mejor posicionado estás en la escala social. Pues mi experiencia me dice que no es cierto ni una cosa, ni la otra.

Desde luego, cada uno viaja (o hace turismo) como mejor le parezca. No todos tenemos la fortaleza para estar un año viajando por la India, ni tampoco el aguante para estar torrándonos en una playa del Caribe durante dos semanas alimentándonos a base de mojitos. Al final, cada uno tiene que ser coherente consigo mismo y preguntarse ¿qué es lo que verdaderamente me gusta?, ¿cómo quiero invertir mi tiempo en las vacaciones?


La mayoría de nosotros nos hemos encontrado a viajeros enfadados porque lo que han encontrado al llegar al país de destino no se ajustaba a lo esperado. Quejarse de que hace mucho calor en Bangkok y que “así no se puede salir del hotel” o, peor aún, gritar a los cuatro vientos que “yo estoy en mis vacaciones y quiero emborracharme, así que véndeme alcohol”, cuando estás en pleno Ramadán en Jordania (todos casos reales) no es de recibo. El error no es del país, ni de las condiciones del complejo de vacaciones de turno, sino del turista que no ha elegido un destino adecuado a sus deseos.

Que no os importe que las vacaciones sean en el pueblo de vuestros padres, mientras todos vuestros amigos se van a Cancún. Si es lo que verdaderamente deseáis, ¡a por ello! Si por el contrario, sois de esos que no habéis terminado un viaje y ya estáis pensando en el siguiente, os recomiendo el blog de Lucía y Rubén (algoquerecordar.com). Es mi lectura de cabecera.

lunes, 25 de abril de 2016

Mazzone y su Florencia

Me llamo Mario Mazzone y soy florentino. En vida, fui un bravo aviador del ejército italiano. Lamentablemente, fallecí joven, cuando apenas había pasado la veintena. La que me acompaña en la foto es mi hermana, María, que corrió la misma suerte que yo demasiado pronto. Mi madre mandó erigir este monumento encima de nuestras tumbas, en el cementerio de San Miniato.

No me compadezcáis. Al contrario, soy una de las personas (muertas) más afortunadas del mundo. Dispongo de una compañía envidiable, con gente de alta alcurnia, artistas, mecenas y políticos de diversas épocas históricas que convirtieron esta ciudad en una de las más importantes del mundo, especialmente en el Renacimiento. Además, las vistas desde aquí son fantásticas.

A mi izquierda veo el Palazzo Pitti y los jardines Boboli. ¡Qué buenos ratos pasé allí con mis amantes! Cuando nos pillaba el guardia de seguridad, corríamos a escondernos en la entrada secreta del corredor Vasariano y, si la puerta estaba abierta, atravesábamos el río Arno por encima del Ponte Vecchio hasta el otro lado de la ciudad.

No es que yo fuese un casanova experto en las artes del amor. Lo cierto es que era bastante normalito, pero el uniforme y el entorno ayudaban bastante. Mis lugares favoritos para ligar eran las iglesias. Sí, sí, las iglesias. Santa Maria Novella y la Santa Croce me hacían aparentar un hombre devoto de Dios, algo muy atrayente para las mujeres del siglo XIX. ¡Y qué decir del gran Duomo! Cuando venían las extranjeras, les tapaba los ojos con una venda, las colocaba en frente de la fachada principal de la catedral, les quitaba la venda y todas caían en el bote.

Muchas también me rechazaron, Sin embargo, siempre me he caracterizado por ser bastante insistente. Además, mi último recurso era infalible: la Piazza de la Signoria. Toda esa colección de esculturas de los más destacados artistas florentinos de la historia provocaban tal sensación de armonía y belleza que era imposible no caer en mis brazos.

No me compadezcáis. Yo, al menos, sigo disfrutando de Florencia todos los días de mi muerte.

Más información sobre Florencia:
Duomo de Florencia: http://www.duomofirenze.it/
Galleria degli Uffizi: http://www.uffizi.com/
Galleria dell’Accademia: http://www.accademia.org/
Corridoio Vasariano: http://www.uffizi.com/galleria-degli-uffizi/corridoio-vasariano.asp

jueves, 7 de abril de 2016

La ciudad olvidada de Angkor

A mediados del siglo XIX, un joven naturalista francés llamado Henri Mouhot se sumergía ensimismado en los libros a los que tenía acceso con el objetivo de ampliar sus conocimientos sobre fauna y flora. Más por fortuna que por interés, accedió a las memorias del misionero franciscano español Marcelo de Ribadeneyra, que se aventuró a finales del siglo XVI en el sudeste asiático con el objetivo de cristianizar la zona.

Pasó una noche sin dormir hasta que finalizó su relato, con el que quedó maravillado. En él, hablaba de una ciudad en ruinas colosal, rodeada de fosos y puentes flanqueados por guerreros de piedra. Agotado por la noche en vela, cayó rendido en su camastro. Soñó que emprendía una expedición hacia aquellas tierras extrañas, tan poco conocidas por la Europa decimonónica. Poblados de tribus poco desarrolladas le recibían con vítores y su país le otorgaba el mayor mérito posible. Despertó y, al momento, supo que aquello no podía quedar en el olvido.


Durante las siguientes semanas, amplió su bibliografía con el célebre El reino y las gentes de Siam, de John Bowring. Sin demora, buscó financiación bajo el pretexto de encontrar nuevas especies que catalogar. Gracias a la infame moda de la colonización, no tardó demasiado tiempo. Ya estaba listo para iniciar su aventura.

En 1858 partió rumbo a las costas de la actual Tailandia. Poco a poco, fue descubriendo que la población de la zona no estaba tan poco desarrollada como pensaba. Se adentró en la selva siamesa hasta un lago natural, el Tonlé Sap, donde Ribadeneyra y otros habían descrito este templo sagrado.


El acceso no fue fácil. Monos, cocodrilos y una espesa selva frenaban el avance. Afortunadamente, las indicaciones del franciscano y la ayuda de los lugareños fueron suficientes para contemplar la vista de Angkor Wat al amanecer. El viaje había merecido la pena.


Mouhot murió un año después en Luang Prabang, la capital de Laos. Sus cuadernos retornaron a Francia, donde fueron publicados. Gracias a estos escritos, muchos exploradores se interesaron por Camboya y sus tesoros, transformando estas espléndidas ruinas en uno de los enclaves más valorados de Asia.

jueves, 24 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 21


Resumen del viaje:

Días: 21.
Kilómetros en coche: 3.708 km.
Dinero gastado en gasolina: 133,12 NZD (unos 85 euros) por persona.
Dinero gastado en adaptador de enchufe: 10 NZD. (WTF!!!)
Lavadoras puestas: 3.
Dinero gastado en comida de supermercado: 350 NZD por persona. Menos de 20 euros por persona y día. ¡Muy bien! Y encima comida sana.
Kiwis vistos: 2.
Kiwis comidos: 1.
Keas vistos: 7.
Focas vistas: muchas.
Ballenas vistas: 1.
Cascadas vistas: cientos.
Hakas maoríes bailadas: 1.
Subidas al monte Tongariro: 1. Muy orgulloso.
Helicopteros: 1.
Barcos: 8.
Kayaks: 1.
Aviones: 5.
Glaciares: 2.
Fiordos: 2.
Campings, moteles y hostales de mochileros en los que hemos dormido: 16.
Parques naturales protegidos visitados: 11.

KA KITE ANO NEW ZEALAND! 
¡HASTA LA VISTA NUEVA ZELANDA!


miércoles, 23 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 20

Última noche en Nueva Zelanda. Hoy hemos volado desde Queenstown hasta Auckland. Parece que ha pasado una eternidad desde que estuvimos aquí y solo han transcurrido 3 semanas.


Nos despedimos del cuarto compañero de viaje, nuestro coche. Nos hacemos varias fotos con él. Le agradecemos lo bien que se ha portado en la carretera y le pedimos perdón por convertirlo en ocasiones en una furgoneta de gitanos.


Recorremos la ciudad. Está vez nos parece mucho más animada. Recordamos anécdotas del viaje y nos recreamos en los momentos memorables. Nos reímos de las meteduras de pata y comentamos la hospitalidad neozelandesa. Comienza una lluvia suave, también en nuestro interior.


martes, 22 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 19

Comenzamos a despedirnos de Nueva Zelanda. Hoy hemos vuelto a Queenstown. La ciudad sigue tan animada como el otro día (y eso que no es fin de semana).


Aprovechamos para volver a visitar los lugares más bonitos de la ciudad y realizar alguna actividad especial. Mientras Magda y Dani se van a hacer tatuajes, yo voy a correr a orillas del lago.


Por la noche, conocemos a dos canadienses encantadores, Bruno y Jocelyn, con los que compartimos experiencias de lo que ha sido nuestro viaje. Hablamos en una mezcla de inglés, francés, italiano y español. Parece la torre de Babel.

lunes, 21 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 18

Segundo día de fiordos. Esta vez tocaba Doubtful Sound, el segundo más grande del país, tras Dusky Sound. La jornada comenzaba muy temprano, ya que no hay carretera que conecte Te Anau con Doubtful. En primer lugar, hemos cogido un autobús que nos ha llevado a Manapouri, donde se toma un barco que cruza el lago homónimo. A continuación, otro autobús cruza las altas montañas de Fiordland para tomar un último barco que recorre las aguas del esperado destino. En total, 3 horas para llegar a destino.


El fiordo es parecido a Milford Sound, solo que mucho más largo, con montañas más altas y brazos añadidos que salen del fiordo principal. La diferencia principal ha sido el tiempo. Ayer llovió a cántaros, mientras que hoy he mostrar tenido buen tiempo. La mayoría pensaréis que eso es mejor (y yo normalmente os daría la razón), pero la realidad es que sin lluvia las cascadas que caen son muchas menos y con menor caudal. Si vais a visitarlo, rezad para que diluvie. Eso os proporcionará un resfriado, pero también un espectáculo natural que nunca olvidaréis.


No obstante, Doubtful te deja boquiabierto con su vegetación, su relieve colosal y su fauna (pingüinos, delfines y demás). El capitán Cook, durante su exploración de la isla sur, no se atrevió a entrar en Doubtful. Fue una expedición española, encabezada por Malaespina, quien cartografíó este singular fiordo. Por eso, algunas de sus islas llevan nombres en castellano.


domingo, 20 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 17

"Parece que las montañas están llorando".


Cierra los ojos. Imagina que te encuentras en un camino que atraviesa un bosque. Los árboles son altos y su follaje espeso, tanto que no ves el cielo. Las ramas crean un techo sobre ti. Los únicos claros que encuentras en el bosque son inmensos lagos de aguas cristalinas. Continúa el camino. Llegas a un túnel angosto y oscuro, pero no tienes miedo. Decides entrar porque sabes que algo excepcional te espera al otro lado. Comienzas a entender por qué la llaman la ruta más bella del mundo.


Se ve una luz al final del túnel. Corres hacia ella. Cuando consigues acostumbrarte a la luz, tus ojos consiguen enfocar un valle flanqueado por montañas casi verticales. Son tan altas que no puedes ver su cima. Las nubes la tapan. De sus paredes caen decenas, no, cientos de cascadas de agua. Y al fondo el mar.


Te sientes en armonía con la naturaleza y decides que merece la pena luchar por un planeta como este.


Abre los ojos. Ese lugar existe y se llama Milford Sound. "Parece que las montañas están llorando" (Magda).

sábado, 19 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 16

Abandonamos momentáneamente Queenstown para hacer nuestro periplo por los fiordos del sur. La base de operaciones es Te Anau, una ciudad que nos ha recibido con lluvia, algo habitual en estos parajes (llueve 200 días al año).


Por la tarde ha aclarado y nos hemos dado un paseo de 12 kilómetros por la orilla del río. Y como me ha sabido a poco, he aprovechado para hacer lo que mi amiga Rocío llama "runturismo", una mezcla de running y turismo. Por el camino, me he encontrado estas setas, que me recuerdan a las de David el Gnomo.


Se nota que desde aquí salen todas las excursiones a Milford Sound y Doubtful Sound porque todos son turistas. Sin embargo, la ciudad cuenta con un paisaje extraordinario de lago y montañas.


viernes, 18 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: FOTOS DE COPILOTO

Todas estas fotos han sido tomadas desde el puesto de copiloto de un coche que circula por la izquierda y sin poner en riesgo la conducción.  Perdonad la calidad de las imágenes.













21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 15

¡Qué buen maridaje hacen las carreteras de Nueva Zelanda con el nuevo disco de Adele!


Si la carretera de Arthur's Pass nos dejó sin palabras, la de hoy ha sido sublime. Hemos remontado el río Haast con sus rápidos y ruidosos afluentes para luego internarnos en la región de Otago. Hemos realizado la ruta Blue Pool hasta las aguas azuladas del río Makarora, muy recomendable para darse un baño en las tardes de verano.


A continuación han surgido dos enormes masas de agua gemelas: los lagos Wanaka y Hawea, a cual más espectacular. Un lugar donde perderse cuando uno se jubile.


Finalmente, hemos llegado a Queenstown, donde pernoctamos. Nos ha sorprendido porque, a pesar de tener poco más de veinte mil habitantes, tiene mucho más ambiente que Auckland o Wellington. Se nota que es la capital de las actividades de aventura, como el puenting, el paracaidismo o el ski-surf.

jueves, 17 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 14

¿Habéis montado alguna vez en helicóptero? Yo, desde hoy, sí. Y no sólo eso. Hemos sobrevolado dos glaciares (Franz Josef y Fox) y hemos aterrizado encima de uno de ellos (Fox). La experiencia ha sido inolvidable. Seguro que es uno de los mejores momentos que me llevo de este viaje.


La mañana comenzaba bien. Dani encuentra un peñique en el suelo, el de la fortuna. Al llegar a Fox Glacier, donde teníamos la excursión contratada, nos dicen que por razones empresariales nuestro vuelo a un glaciar se ha convertido en un vuelo a dos glaciares sin pagar ni un dólar más.


Después hemos realizado varias rutas por la zona, desde las que se veía incluso el Monte Cook, el más alto del país.  También hemos ido al famoso lago Matheson, desde donde se puede hacer una foto espejo de toda la cordillera.


Es el segundo día consecutivo que hago algo nuevo por primera vez. ¿Hace cuánto tiempo no haces tú algo nuevo por primera vez?

miércoles, 16 de marzo de 2016

21 DÍAS EN NUEVA ZELANDA: DÍA 13

Hoy ha sido la primera vez en mi vida que he visto un glaciar. El Franz Josef estaba esperándonos con ese color a medio camino entre el azul y el blanco desde primera hora de la mañana.


El glaciar ha reducido su tamaño considerablemente en los últimos 100 años, pero ha sido en el siglo XXI cuando realmente ha menguado su dimensión por causas climáticas.


Hasta hace poco los turistas podían pasearse sobre el glaciar libremente, lo que ocasionó graves accidentes por desprendimientos. En la actualidad, puedes andar sobre el Franz Josef solo con guía y se accede a él en helicóptero.


También hay rutas para montañeros que se quedan a casi un kilómetro del glaciar, pero que ofrecen vistas espectaculares. El camino de acceso está adornado por cascadas, un río glaciar e incluso un puente colgante. Las rutas que nosotros hicimos son Franz Josef Glacier Valley Walk, Sentinel Rock Walk, Peter Pool, Douglas Walk y Lake Wombat Walk.